Rompí creencias…
Destruí limitaciones…
Tiré abajo muros mentales…

Escuché una vez a un experto en marketing, Isra García : «nada mejor que estar incómodo constantemente para dar tu verdadero 110%». También Aitor Esteban Bravo, un diputado del Congreso, hace no mucho parafraseando la cita de George Patton: «la presión hace diamantes», me hizo pensar…

Los aprendizajes solo se hacen visibles cuando estas preparado para verlos, están ahí todos y cada uno de ellos, únicamente debes darles la bienvenida.

Me asomé ahí dentro, en la psique mental profunda, en la caja de las creencias ocultas, y descubrí que no estaba realmente comprometido con el proyecto. Simplemente remaba hacia delante, cual esclavo romano en una embarcación…

Alicante me sacó del círculo de confort, de mi rutina sagrada, rompió mis esquemas…

Para crear a veces antes hay que destruir…

Y en la cumbre de ese caos entendí lo importante que es hacer visualizaciones, susurrar el objetivo, usar la brújula…

Hallé una herramienta imprescindible, la «visualización con autopreguntas»: ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Haciendo el qué soy feliz? ¿Estás haciendo lo que te apasiona?… Cada cual tendrá las suyas…

Preguntas que te hagan empujar, que resuenen en tu interior, que remuevan tu conciencia…

Formular esas preguntas cada vez que el miedo acechaba, la incomodidad llamaba a mi puerta y la procrastinación se abalanzaba cual alud de nieve sobre mí, me hizo reflexionar…

¡No hay límites! Una rutina sagrada ayuda a rendir más, pero no es imprescindible si tienes el objetivo definido y en mente constantemente. Tienes que creer en tu proyecto, en tu camino.

Remar con fuerza cual esclavo romano solo te servirá en los momentos óptimos, en los cuales el viento sople a tu favor y sientas la presión del látigo…

Pero si crees firmemente en lo que haces, comprometido con tu camino, y lo visualizas cuando la tormenta acecha, aunque estés solo en una piragua en medio del Atlántico, por muy fuerte que sea la tempestad, no dejarás de remar…

Lo que hallé en Alicante