Hay una sensación típica en la vida de opositores, estudiantes o de todo aquel que se haya marcado grandes objetivos.

Una mezcla de derrota, incertidumbre y apatía que tarde o temprano se cruza en el camino, producida por la falta de reconocimiento de los que te rodean, la ausencia de recompensas por el trabajo bien hecho o la ansiedad de querer conseguir grandes metas en cortos periodos de tiempo.

Y créanme que hay que controlar este tipo de sensaciones antes de que consigan bloquearte y pierdas meses en volver a retomar la marcha.

Esta sensación que os comento me gusta llamarla » el síndrome del corredor de fondo «, hago este tipo de analogía porque una maratón es eso, una lucha individual, un «tú contra un todo». Y las sensaciones que pueden llegar a tener esos atletas son mentalmente muy similares.

A estas dificultades, hay que añadirle otras que juegan de manera acumulativa en nuestra carrera hacia la meta. Y son todas aquellas ideas preconcebidas que el sistema nos ha lanzado a través de la vida social y laboral.

Mentalmente todo aquel que oposita o que se enfrente a grandes proyectos se pone una «fecha de caducidad«, una fecha impuesta por el sistema a partir de la cual ya eres viejo, ya deberías tener un trabajo estable, ya deberías haber formado una familia, ya deberías haber hecho X cosas…

¡Es un freno! Una medida de seguridad del «hormiguero» para que no te salgas del tiesto. Excusas que interiorizas bien dentro de tu cabeza para que salgan en el momento adecuado y bloqueen tu camino.

Nosotros, los inconformistas, no nos podemos permitir caer en estas redes, tenemos que tener a mano estrategias que nos permitan seguir avanzando, aunque para ello tengamos que cambiar el mundo y sus normas (en el fondo soy un idealista).

¡Hagámoslo!

¡No eres viejo! Te crees viejo… 

¡No es que no puedas! Crees que no puedes…

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Pequeño inciso para inconformistas